A estas alturas es más o menos evidente que el Congreso no va a ser disuelto, ni hay quien lo haga. La capacidad de bloquear el proceso democrático y el trabajo de los otros poderes se ha reducido hasta casi desaparecer. Por el momento es difícil imaginar la formación de un nuevo bloque capaz de ejercer un liderazgo positivo del Congreso. Una versión dramática, y paradójica, podría ser que el Congreso se está disolviendo sin haber sido cerrado. Quizás ahora que no va a haber reelección, y el futuro le es ajeno, brote un nuevo ánimo de hacer cambios internos.
Source: La Republica November 30, 2018 11:33 UTC