Cuando sus padres decidieron dejar Lima y establecerse en la parte oriental del país, Juliane pensaba que encontraría un bosque oscuro, cerrado, hostil. Juliane cayó sujeta a su asiento, en posición casi vertical, desde más de tres mil metros, hacia la selva amazónica. A más de cincuenta años de aquel accidente, su vida sigue unida a la selva que la vio caer y levantarse. Y mientras Panguana exista, Juliane seguirá ahí, defendiendo no solo un bosque, sino una forma de entender la vida. “Ese bosque me salvó la vida.
Source: Peru21 January 04, 2026 15:58 UTC