“A mí no me gusta la Navidad”, dice Armando mientras ve a la familia trajinar para preparar la cena de Nochebuena, en la víspera de la celebración del nacimiento de Jesús de Nazareth. Recuerda que fueron tiempos muy duros ya que, como no tenían para el alquiler, vivieron en varios domicilios en Saltillo, de donde es originario. No había muebles, solo una cama, una mesa y una estufa de leña, con el calor de la lumbre amortiguaban el frío: “Me asomaba a la ventana y veía como nevaba, pero no había cena, regalos ni festejo”, platica a EL UNIVERSAL. Con un peso en la bolsaAsegura que en menos de cuatro horas terminaba y se ganaba un peso, que llevaba a su casa. A sus más de 57 años, Armando revela que su mayor ilusión siempre fue tener unos zapatos o unas botas nuevas, regalo que nunca recibió.
Source: El Universal December 27, 2017 01:30 UTC