Después de los plantones y el trato indiferente que le dio en el último encuentro en el Triángulo Dorado, López Obrador ya fragmentó en la "mañanera" de ese jueves las relaciones con el gobierno de María Eugenia Campos, a quien prácticamente responsabilizó del crimen de los sacerdotes, y no solamente eso, sino que fue más allá, a los grupos de intereses del llamado Grupo Chihuahua, que involucra a empresarios, a políticos y a líderes de la sociedad civil en el estado de mucho tiempo atrás, incluso de hacer alianza con Carlos Salinas de Gortari de la situación que se está viviendo. Prácticamente habló de un complot de lo que está sucediendo en Chihuahua, auspiciado por los intereses del gobierno local, que preside María Eugenia Campos, y de quienes conforman el llamado Grupo Chihuahua…Se fue con todo contra Chihuahua, su autoridad y los grupos empresariales y los llamados de interés, en este efecto del gran tema que está sacudiendo al propio gobierno del Presidente y no se diga a la administración de la Gobernadora, como es el crimen de los dos sacerdotes jesuitas, que llegó hasta el escritorio, donde dio un manotazo en sus redes sociales el propio Papa Francisco, hablando fuerte y preguntando sobre la cantidad de asesinatos que se dan en México. Fue prácticamente todo el tiempo dedicado por López Obrador al caso en Cerocahui y sus consecuencias. Desde luego, él defendió su fallida estrategia de seguridad, que ha lastimado enormemente y ha metido en un gigantesco charco de sangre a todo el país...Pero el dato del crimen de los jesuitas sigue cada vez más intenso. He ahí líneas que ponen al gobierno en una situación sumamente delicada.
Source: La Jornada June 23, 2022 14:46 UTC