El ahora papa emérito, Benedicto XVI, estuvo de visita en México en marzo de 2012. Se hospedó en el Colegio Miraflores. Sostuvo que su renuncia fue un “acto heroico”, porque él pensó sobre todo en la Iglesia, en su amor por la Iglesia que era mucho más grande del amor por él mismo y por su ego. Él siempre permaneció sereno, una vez que entendió que Dios le pidió hacer este acto de gobierno, amando más a la Iglesia que a sí mismo”, añadió. “Yo lloraba todo el tiempo y también durante la comida, él entendió que estaba muy emocionado”, confió.
Source: Excélsior February 10, 2018 08:15 UTC