El rito de la iniciación, tan viejo como obsoleto, se cumplió en los primeros días. Si, como decía don Adolfo El Viejo, la política era el arte de comer sapos sin hacer gestos, José tenía que aprender a tragarlos y sonreír. Los acarreados no lograban contagiar entusiasmo y el elegido no seducía ni convencía. José predicaba en el desierto, porque al parecer, quienes lo rodeaban simulaban amarlo, pero en realidad, servían a otro Señor. Observando los spots, los ritos y los personajes que acompañan a José Antonio Meade, parece que algunos de los miembros de su equipo tienen o una notoria ineptitud o están allí para ensuciar la campaña.
Source: El Universal December 28, 2017 10:07 UTC