El golpe militar de 1973 en Chile marcó un punto de quiebre en su vida. México lo recibió, y aquí no solo encontró refugio, sino el espacio donde su obra maduraría y adquiriría una identidad propia. En un entorno donde la caricatura suele convertirse en arma o consigna, Palomo sostuvo una línea distinta: no renunció a la crítica, pero tampoco la subordinó a una ideología. Se va una forma de mirar: la que no necesita gritar para incomodar, ni dividir para señalar. José Palomo dibujó desde un lugar cada vez más escaso: el de quien no empeña su mirada a ninguna bandera, porque ha decidido, antes que nada, sostener lo humano.
Source: Excélsior March 29, 2026 18:37 UTC