Si hacemos un repaso de la historia de la autonomía universitaria en México, podemos observar que ésta ha tenido momentos luminosos, pero también otros sumamente sombríos. Entre los primeros, basta recordar el papel que el rector Javier Barros Sierra desempeñó alrededor del movimiento estudiantil de 1968, levantando su voz y encabezando marchas en defensa de la autonomía universitaria, de la legitimidad de las reivindicaciones estudiantiles y de su derecho de libre expresión. Como bien se sabe, Barros Sierra eventualmente renunció como acto de protesta por la represión y la ocupación militar del campus, como símbolo de la solidaridad de la institución universitaria con el movimiento y de la resistencia a la violación de la autonomía universitaria por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. La autonomía universitaria se encuentra reconocida en el artículo tercero constitucional, que otorga a las instituciones la facultad de gobernarse, definir sus planes y programas, administrar su patrimonio y gestionar su personal bajo los principios de libertad de cátedra e investigación. Las universidades públicas son un bastión fundamental para el ejercicio del derecho a la educación y son un elemento clave para el desarrollo democrático del país.
Source: La Jornada January 22, 2026 10:30 UTC