El episodio se relató en tiempo real gracias a centenares de celulares que grabaron cada explosión, cada grito, cada estertor de la realidad. Esa libertad de apuntar la cámara a lo que sucede supone un vuelco para la historia oficial: el reloj se congela en cada plano, cada temblor de la imagen es un dato. Pero la ironía cruel es que la historia sigue siendo escrita con un sesgo invisible. La última palabra no la tendrán ni el ejército ni el periodista, sino el algoritmo que determine quién ve qué. Y la historia, ahora digital, permanece siempre en construcción.
Source: El Siglo de Torreón January 22, 2026 22:42 UTC