El problema es que el gobierno ha decidido interpretar esa demanda como si fuera una reacción política de la “derecha”. Cuando se percibe que la independencia de los jueces puede debilitarse, que la carrera judicial puede ser sustituida por criterios de lealtad política, el efecto inmediato no es ideológico, sino económico. México sigue sin convertir su ubicación estratégica, su integración con Norteamérica y la promesa del nearshoring en crecimiento suficiente. El país exporta y participa en cadenas productivas decisivas, pero no logra traducir esas ventajas en un despegue sostenido. Lo que transmite no es una voluntad de perfeccionar la democracia, sino la tentación de rediseñar el poder reduciendo contrapesos.
Source: Excélsior March 20, 2026 08:05 UTC