Lo más grave no es que sea un problema nuevo. La cola se ha convertido, además, en un filtro injusto: accede quien puede madrugar, quien tiene tiempo, quien resiste. Y que conste que esto no es solo un problema de gestión en el sector público; también es un problema ético. Obligar a una persona enferma a hacer cola para acceder a atención médica no es solo ineficiencia; es violencia institucional. Es una forma de maltrato que el Estado permite y que la sociedad parece haber dejado de cuestionar.
Source: El Comercio April 04, 2026 23:02 UTC