Claudia aprendió pronto que las representaciones empiezan antes del telón, en la espera, en la paciencia, en la mano que acomoda lo invisible. Alguien tenía que sostener el fuego. A los 23 años, con 500 dólares obtenidos en una venta de garaje y sin hablar inglés, partió a Nueva York, al East Village, siguiendo a Carlo Nicolau, músico y compositor. En Nueva York hizo lo que siempre había hecho: crear comunidad. Sigue haciendo lo mismo que aprendió de niña: reunir, sostener, insistir.
Source: La Jornada February 12, 2026 00:01 UTC