Entre el viernes y la madrugada del sábado, el Senado de la República aprobó una veintena de dictámenes y los remitió al Ejecutivo para su promulgación o a los congresos de los estados, en el caso de las dos reformas constitucionales que deben ser ratificadas en cumplimiento del federalismo. Todas las modificaciones fueron votadas en la antigua sede del Senado en Xicoténcatl, adonde se trasladaron los legisladores de Morena y sus aliados después de que la oposición tomó la tribuna en el salón de plenos de Reforma e Insurgentes. Además, tuvieron que sesionar en un patio porque la senadora panista Xóchitl Gálvez se encadenó a una silla en la tribuna de la sede alterna. Esta accidentada sesión fue sólo el desenlace de una serie de jornadas en que las bancadas opositoras intentaron paralizar los trabajos legislativos, tanto por su sabotaje sistemático a todas las propuestas emanadas del gobierno federal o del partido gobernante como por el conflicto en torno al nombramiento de un nuevo comisionado del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI). Más allá de los razonables cuestionamientos sobre la idoneidad de votar y aprobar medidas tan trascendentales en el espacio de unas horas, los eventos que se sucedieron en los días finales del periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión obligan a reflexionar acerca del papel de las fuerzas opositoras en la vida política contemporánea del país.
Source: La Jornada April 30, 2023 14:12 UTC