En sólo un año, el número de niños que viven en la pobreza en Estados Unidos se duplicó, al pasar de cuatro millones a nueve millones, el mayor incremento en este vergonzoso indicador en la historia del país. La tasa de pobreza general también aumentó de manera dramática, de 7.8 a 12.4 por ciento de la población. Hace cinco años, el relator especial sobre pobreza extrema de la ONU, Philip Alston, presentó un informe en el que se consignaba la existencia de 40 millones de pobres (de los cuales 18.5 millones padecían pobreza extrema) en el país más rico del mundo, así como el hecho de que el ingreso promedio de las personas más pobres permaneció estancado durante cuatro décadas, al mismo tiempo que las fortunas atesoradas por el 1 por ciento más pudiente de la población se dispararon a niveles inéditos. El reporte de Naciones Unidas ilustraba que esta desigualdad había creado en Estados Unidos lacras inexistentes en el resto de las economías avanzadas, y en muchos aspectos la vida de los estadunidenses de los estratos más bajos era peor a la de los habitantes de países en vías de desarrollo. No es casualidad que la ruina de las clases medias y el empobrecimiento degenerativo de las mayorías estadunidenses se haya iniciado en la década de 1980, pues fue entonces cuando el mandatario republicano Ronald Reagan desmanteló el imperfecto Estado de bienestar e impuso una serie de medidas de choque orientadas a drenar la riqueza de abajo hacia arriba, un programa que entonces fue bautizado como reaganomics, que hoy denominamos neoliberalismo.
Source: La Jornada September 13, 2023 12:42 UTC