Escribir, como toda alegría, es pendular: un estado que roza la gracia. Saber esperar y lograr alguna vez transformar el propio dolor en arte, esos son los dones. En un mundo que exige celeridad y sustitución y descarte, el resultado medible, los escritores elegimos cada vez quedarnos. Al mismo tiempo, como pasaje y como acto, como artesanía, un oficio, escribir no tiene nada de excepcional. Hebe Uhart, una escritora notable que murió haciendo lo que amaba, decía: “No se nace escritor, se nace bebé”.
Source: Peru21 June 08, 2019 18:33 UTC