La silla del poder no es un asiento: es una cuerda floja sobre el abismo, donde un ser humano —con sueños, cuerpo, dudas y biología— debe caminar como si fuera sobre un mármol. En ese sentido, el presidente no gobierna únicamente con decretos: gobierna, también, con su sistema nervioso. Por eso, la pregunta psicopolítica de nuestro tiempo no es solo “¿qué hará?”, sino “¿cómo se sostendrá?”. La historia se decide muchas veces no por la idea más brillante, sino por la emoción mejor regulada. Y cuando el centro del líder se cuida, México va a respirar mejor.
Source: EL Informador January 25, 2026 10:17 UTC