Cuando una estructura criminal pierde a un líder, el golpe no es sólo operativo, es simbólico: cae una figura-tótem, una promesa de invulnerabilidad. En toda organización basada en el miedo y las ganancias, la ausencia del jefe abre grietas: disputas, desbandadas, traiciones. Y cuando el Estado, por cálculo, miedo o conveniencia, tolera la expansión de ese poder, se va escribiendo un pacto tácito: yo te dejo operar, tú mantienes un orden útil. Se golpea a la población para que la población golpee al gobierno con miedo, cansancio o súplica. Con esa claridad, el miedo deja de mandar y vuelve a ser sólo una señal de alarma, no un destino.
Source: EL Informador March 01, 2026 09:05 UTC