Si se llegase a proclamar al candidato del lápiz como jefe del Estado, tendría el nivel más bajo de representación de los últimos 30 años. El consenso y la ponderación, entonces, son ingredientes que una eventual administración encabezada por el exlíder sindical no puede pasar por alto. En esa línea, algunas cosas concretas tendrían que cambiar y una de ellas tiene nombre y apellido: Vladimir Cerrón. El sentido común debe primar y no el ánimo por poner a prueba la determinación y fortaleza de los adversarios. Así, la humildad de reconocer la precariedad de la posición que podría asumir el candidato de Perú Libre será vital para una eventual gestión suya.
Source: El Comercio July 04, 2021 10:30 UTC