Si alguien pretendiera superar a Shakespeare o a Cervantes, la inhibición y el pánico le impedirían escribir una sola línea. Ni Cervantes ni Shakespeare buscaron el prestigio: sólo querían el éxito y ambos murieron creyendo que las élites intelectuales jamás los respetarían. El espíritu competitivo es el peor enemigo de la imaginación, pues convierte la voluntad de crear en voluntad de poder. Si la lectura les fastidia no se atreverán a decirlo en voz alta, por miedo a parecer incultos o idiotas. Ni los autores de El libro vaquero se rebajarían a desear ese tipo de gloria.
Source: Milenio September 24, 2021 05:37 UTC