¡Se corre al entrenador, y asunto arreglado…!”. Además de que la eficacia de la fórmula —variante del evangélico “¡Crucificadle!” o del perentorio “¡Fusílenlo, después viriguan!” que Pancho Villa dejó para los bronces— es discutible, ni siquiera es original. Que ahora, con un plantel reforzado a base de espectaculares golpes de chequera, los resultados sean adversos, tampoco significa que al genio de ayer se le secara la sesera o se le agotara la sapiencia. *El dueño del juguete, como de costumbre, tiene la última palabra. Él mismo, más de una vez, reconoció públicamente que sus arrebatos habían sido consecuencia de su inmadurez, y pronunció el correspondiente “mea culpa”.
Source: EL Informador February 10, 2020 12:45 UTC