Ocurrieron dos terremotos políticos cuyas réplicas no cesan y sus consecuencias son impredecibles. La única exigencia fue cortar en seco el envío de petróleo subvencionado (o casi regalado) a Cuba, del que depende en un 80% la viabilidad del régimen castrista. El secretario de Estado Marco Rubio, como cualquier estadounidense de origen cubano, sueña con la caída del régimen régimen castrista, y qué mayor gloria para un hijo de exiliados que dirigir la caída desde su puesto privilegiado en Washington. “Es como si La Habana imponga discutir con Washington la Constitución de Estados Unidos, o si pusiéramos en la agenda las redadas en Mineápolis”, declaró con sorna. No es de extrañar, que la población harta de penurias recurra al humor negro para decir que “la diferencia entre el hundimiento del Titanic y Cuba es que por lo menos el trasatlántico tenía luz”.
Source: La Crónica de Hoy February 04, 2026 18:51 UTC