Destino, le llaman en el mundo de la música tradicional; desde el misterio de la constancia, Cipriano le llama azar. ¿Qué fue eso?.”Ingeniero químico, Cipriano padre deseaba que sus hijos siguieran una carrera similar, pero el hijo quedó embrujado cuando le enseñó a tocar la armónica. El azar lleva a sus manos un folleto de la Escuela Nacional de Música: “¡Se estudia la música, no jodas!”. La víspera del 2 de octubre, su padre llegó al Distrito Federal decidido a llevárselo a casa. Él lo intuyó, porque ya le había tocado un movimiento en San Luis, en el 59.”